El club de los poetas muertos

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Carta a un actor que me ha hecho reír y llorar

Querido Robin Williams,

acostumbrado a que me produjeras sonrisas, carcajadas y alguna que otra lágrima, anoche me hiciste llorar. Decidiste quitarte la vida con 63 años recién cumplidos. No me apetece hacer un “In Memoriam” al uso como he hecho en otras ocasiones, prefiero escribirte unas líneas a  modo de carta.

La primera  vez que te vi fue en un cine de verano, Atalaya, en La Antilla (Huelva). Era el año 1987 cuando intepretaste a un soldado norteamericano que realiza un programa de radio durante esa guerra que perdió EEUU. En “Good morning Vietnam” hay momentos en los que te desatabas con tus muecas y gestos, pero no me parecieron extraños. Por cierto, un filme que te dio tu primera nominación al Oscar y que es imprescindible para cualquier melómano gracias a su banda sonora con  gente como James Brown, Los Beach Boys o Wilson Pikett, donde descubrí su “In the midnight hour”.

 

Williams en "Good morning Vietnam".

Williams en “Good morning Vietnam”.

Me quedé con tu cara y nombre. Durante el invierno alquilé “Club Paraíso” (1986) una comedia muy tontorrona, pero simpática en la que también estuvo Peter O´Toole.  Apareciste en “Las aventuras del barón Munchausen” (1988), pero admito que no te reconocí cuando la vi en el cine, sino años después cuando lo hice en la televisión.

No fue hasta 1989 cuando te volví a ver. La espera mereció la pena. “Oh capitán, mi capitán”. Con esto ya lo he dicho todo. Me quedé con la boca abierta y solté la primera lágrima por tu culpa con ese final de “El club de los poetas muertos”. Por cierto, segunda nominación al Oscar. Este mismo año hiciste, junto con Robert DeNiro, un filme poco recordado y que me parece uno de los mejores de tu filmografía, “Despertares”. Hacías de un médico que ayuda a un paciente que está prácticamente catatónico a recuperar su consciencia y movilidad.

 

Ronan Keating dando una clase a sus alumnos.

John Keating dando una clase a sus alumnos.

 

Con unos once o doce años, en el mismo cine de verano antes mencionado, como otras tantas vi “El rey pescador” (1991). Película de Terry Gilliam que protagonizó también Jeff Bridges y donde era un loco muy cuerdo. Recuerdo que en aquel momento no la entendí muy bien, pero me gustó la película. Fue tu tercera nominación al Oscar. Ese mismo año fuiste Peter Pan en aquella versión que hizo Steven Spielberg en “Hook”. Fue fallida, pero no sé por qué siempre le he tenido cariño. Le tengo pendiente un monográfico para contar su historia y de por qué pasó lo que pasó.

Vinieron “Señora Doubtfire, papá de por vida” (1993), “Jumanji” (1995) y un año más tarde “Una jaula de grillos”, versión norteamericana de una película francesa. Mira si la he visto veces, pero esta comedia junto a Nathan Lane y Gene Hackman siempre me ha parecido muy notable. Fuiste la voz, en versión original, del Genio de “Aladdin” (1996) y en 1997 recibiste un Oscar por “El indomable Will Hunting”.

 

Williams en el centro con su único Oscar.

Williams en el centro con su único Oscar.

 

En los años posteriores participaste en “Patch Adams” (1998) o “El hombre bicentenario” (1999). 2002 fue un año extraño. Trabajaste en una comedia, que me encanta, como es “Smoochy” y en dos papeles muy alejados a los que nos tenías acostumbrados como fueron “Insomnio” o “Retratos de una obsesión”.

He de reconocer que a partir de entonces te perdí un poco la pista. Pusiste voces en largometrajes de película de acción e interveniste en comedias del tipo de “Noche en el museo” (2006) que poco me atraían.

Hace un año o así descubrí por casualidad “El mejor padre del mundo” (2009) que no se estrenó en cines y sólo se emitió en televisión en versión original: “Lo peor no es estar solo, sino estar con gente que te hace sentir que estás solo”; una frase que escuché en ella y que me gustó mucho, como la película.

Últimamente estabas haciendo mucha televisión y tenías previsto el estreno de varias películas, entre ellas el de la tercera parte de “Noche en el museo”. Eran de dominio público, porque lo reconociste, tus problemas de adicción. Hace unos meses tuviste una recaída. No sé lo que te llevaría a hacer lo que has hecho y que nos dejará sin regalarnos nuevas sonrisas y alguna que otra lágrima. Siempre creí que habrías sido un gran presentador de los Oscar. Tengo pendiente ver muchas películas tuyas, entre ellas aquella en la que interpretraste a “Popeye” en aquella versión, con personajes reales, que hizo Disney en 1980.

Estés donde estés seguirás siendo tan exagerado e histriónico y haciendo reír al personal. Muchas gracias por su sonrisas y por tus lágrimas.

PD: Me he dejado muchas películas por el camino, pero ha sido lo que ha ido saliendo, sé que me perdonarás.